domingo, 25 de setembro de 2011

24 SETEMBRO EM BARCELONA. DIA HISTÓRICO.

Las lágrimas también torean. Lágrimas de pena y rabia contenida que lanzan tela para acariciar, para exponer y para expresar.

Las lágrimas a veces se visten de negro y azabache y el reflejo de la luz les da ribetes blancos. Las lágrimas de un funeral a la americana, donde se ensalzan y magnifican las virtudes de un muerto, asesinado esta vez por independentistas y cómplices interesados que van de animalistas. Esa lágrima negra de reflejos blancos voló capote cual Morante, nada más llegar, a un Cuvillo primero que anunció la falta de raza de todos, el constante apego a toriles. Tres verónicas de lado izquierdo sutiles, como el recorrido de una lágrima en la mejilla. También usaba muleta la lágrima negra. También cual Morante, ora brillante y encajado al natural, ora arrebatado y grácil en derechazos a un toro para no fiarse. Sin embargo, usó la espada como para echarse a llorar.

Hay lágrimas que torean para exponer cuando toca. De negro luto y brillante oro vestían sus arrestos. Tocaba exponer frente a otro Cuvillo de escaso fondo, desconfiado mirar, recio arrancar y rabioso pero humillado retorno. Allí la batalla de un Juli atornillando pies gracias a los toques de brazo que fijaban al enemigo. Lágrimas de negro y oro que exponen con ciencia y paciencia, con ataque ante quien solo enseña defensa. Soltaba Juli para ver si limaba asperezas, apretaba abajo luego para rascar. Y nada. Hasta que decidió gozar donde casi nadie podría y ligar por abajo para instalar el calor y el furor con su espada poderosa.

Lágrimas de tabaco y oro frente a un tercero espeso y huidizo, otro Cuvillo traidor de guardada guadaña envuelta en papel de caramelo. Mojó Manzanares su muleta cuando no había viento; sería ungüento oloroso para fijar el morro a la bamba y atraer toro cual mágico imán. Movilidad huidiza y traicionera la del toro; sutileza y expresión en el torero, que al querer mandar y domeñar recibió el hachazo como respuesta. El bramido al unísono de la afición herida cuando crecía Manzana en el tercer derechazo majestuoso. Y su infalible espada triunfadora, empeñada en recibir para matar a un toro manso con los chiqueros al rabo. Cites sin respuesta, la búsqueda de lo imposible, de algo que nunca llegaría. Pero llegó. Medio se vino el Cuvillo para matar con tres cuartos de acero y toro rodado. La pasión con aditivo de furor.

Morante decidió llorar de pena con el rabioso cuarto, al que lidió sobre las piernas con torería añeja para no perpetrar pantomimas. Se enfadaron muchos, los que no entendían que hoy los cuvillos de Morante no eran materia de recreo, sino de renegada brega. Hundido por incomprendido, Morante terminaba su historia catalana a bordo de un barco a la deriva entre la gran bronca.

Hasta que llegó Juli. Un gallo de pelea para poner en orden al engallado quinto. Un tío de una pieza en negro luto y oro frente a un arisco funo que nunca cedió. Ni en los metros, ni en las angosturas, ni en la muleta rastrera, tampoco en la liviana. Ni siquiera al dejarla muerta y al morro, pues ahí el engallado toro se adormilaba avieso y en los muslos. Toma y daca, con más ajuste que nunca, con la frialdad de quien pensó: "Si hay que morir, que sea aquí y ahora". Y la hora verdadera de la muerte, donde Juli se entregó tras el acero como antes lo hizo con las telas. Tanta verdad y tan desnuda rompió a las 14.000 almas de corazón herido.

Fue el momento que reventó la tarde. La lágrima que torea para exponer fue el detonante. Luego llegó la lágrima expresiva de Manzanares y un coloradito de feble carácter y suaves inicios. Parecía el torito de clase cumbre que un día soñó Cuvillo. Solo lo pareció, y con eso fue bastante para que Morante se fuese a buscar el quite del perdón y mostrar la gran intención de su verónica lograda en la rotunda media. Y todos con los vellos de punta.

El coloradito y Manzanares en su lento caminar. Era la promesa constante de una embestida afianzada que nunca llegaba, la promesa constante de una faena bonita que no estallaba en pasión por el romo final de la embestida. Hasta que llegó el instante de un natural en superlenta, el otro chispazo en el cambio de mano, llama que prende mil fuegos, y dos llamaradas finales que queman símbolos nazionalistas y hermanan banderas rojas y amarillas. Y otra vez la espada que mata en embestida, en espera del torero magestuoso siempre. Era el epílogo feliz de una tarde sin final.

Eran dos orejas sobre un regalo de Morante y de Juan Pedro para el mundo. El toro de clase por fin saltó, un regalo en papel de regalo, un caramelo de almíbar para la verónica dormida, para fijar el vuelo de un percal en 14.000 retinas, para tornar en pasión la rabia, para unir toreros y taurinos. Lágrimas que ríen y se ponen a torear, o a banderillear con las palmas por bulerías a coro, con un Juli que a sus 28 ya remerora así tiempos mozos; un violín desafinado pero creativo de Manzana y un Morante por Pepote, en cortito y cuadrando en la misma cara. Era la fantasía de un entierro a la americana, triste fiesta con sonrisas.

Pero quedaba almíbar en el Juan Pedro y creatividad en el genio, que salpicaba el obituario con gracias por doquier, el desgarro de ayudado, la caricia al natural, el arrebato en un farol de claro riesgo y sello en el molinete que también selló don Juan Belmonte.

Era la vida eterna del muerto, las lágrimas que se pusieron a torear. ¡Ay las lágrimas de pena cuando torean, que mueven montañas y pueblos, que ciegan videntes y dan luz a los ciegos! ¡Ay del toreo sin normas ni axiomas! ¡Ay qué fiesta tan rota la del toro, que sueña futuro en un entierro! ¡Ay de aquéllos pobres brutos que nos han llevado a vivir algo así! ¡Ay que pena más grande, que mañana mismo ya nada de tamaña belleza aquí se podrá crear! ¡Ay que el toreo se une en procesión de héroes queridos y nos los quieren matar! Pero, ante todo, hay un canto de libertad que nadie podrá callar.



Ficha del festejo

Plaza de toros de Barcelona. Lleno con algunos claros, en tarde apacible de cielo gris. Seis toros de Núñez del Cuvillo, correctos de trapío y de baja raza, con marcadas querencias a toriles todos y desclasadas embestidas en distintos grados. Toros de caras sueltas por norma general, nada agradecidos al buen trato y de nula entrega, excepto el suave y sin finales corrido en sexto lugar. El séptimo, regalado por Morante, fue un sobrero de Juan Pedro Domecq, de excepcional clase y con las fuerzas justas.

Morante (negro y azabache con remates blancos): silencio, bronca y dos orejas en el de regalo.

El Juli (negro y oro): dos orejas y oreja con petición de otra.

José María Manzanares (tabaco y oro): dos orejas y dos orejas.

Destacó la cuadrilla de Manzanares, que saludó en sus dos tercios de banderillas.






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!Viva la Fiesta Nacional!
Domingo Delgado de la Cámara
Vaya por delante una declaración de intenciones: Yo he venido a Barcelona para ver las dos últimas corridas de la temporada 2011. No he venido para asistir al cierre de la Monumental, ya que espero que no llegue a suceder. Unos politicastros, ciegos de odio a España y a todo lo que representa, no pueden acabar con la tradición taurina de Barcelona, una tradición más que centenaria. Y si de vez en cuando se dan corridas como la de ayer, con la Fiesta no hay quien pueda. Así que espero que en los próximos meses las cosas cambien y se de un golpe de timón. No se puede consentir el atropello a su libertad que están sufriendo los aficionados catalanes. Como durante la corrida de ayer se gritaba en la plaza, Cataluña es taurina y esperamos que siga siéndolo…
Y vayamos a la corrida de ayer, sin duda la mejor del año y de muchísimos años. Los toros fueron de Núñez del Cuvillo, bien presentados. Tres y tres: tres toros buenos y tres no tan buenos. Cayeron equitativamente uno de cada en los tres lotes.
José Mari Manzanares se encontró en primer lugar con un toro muy manso y abanto que se rebotó de los caballos. Juan José Trujillo expuso mucho en dos pares de gran mérito. No es lo mismo clavar los palitroques a una babosa que a un toro que aprieta hacia los adentros. Trujillo expuso mucho, se asomó al balcón y clavó dos grandes pares. La faena comenzó con dos buenas series de Manzanares con la mano derecha, algo rápidas, pero hay que tener en cuenta que el toro embestía con todo.
Cuando Manzanares se echó la muleta a la mano izquierda, el toro el toro un atragantón y la faena se vino abajo. Quiso volver a la diestra, pero el toro ya no quiso embestir más. Se empeñó en matar recibiendo en toriles, y la estocada quedó muy defectuosa, contraria y tendida. Siempre digo que las estocadas recibiendo deben reservarse para los grandes toros, y no propinarlas a toros que no las merecen. Se devalúa una suerte muy bella y muy expuesta, por lo que el riesgo es excesivo. Las dos orejas que se le concedieron fueron a todas luces exageradas. Una hubiera estado bien. Con su segundo Manzanares estuvo mucho mejor. El toro era un precioso colorao con mucha clase, pero con la fuerza justa. Con algo más de potencia, el toro hubiera sido excelente. Fue muy paciente Manzanares con él: no lo acosó, no lo atacó y le dio tiempo, midiendo mucho las alturas y los espacios. Basó la faena alternativamente en las dos manos. Destacó una grandiosa serie con la mano derecha llena de mando, de cadencia y de temple. Como Talavante es el rey de la mano izquierda, Manzanares lo es de la mano derecha.
La estocada recibiendo fue, esta vez sí, impecable, impresionante, irreprochable. Se viene diciendo que la suerte de matar carece de importancia. Pero no es verdad. La suerte de matar es la suerte suprema. La grandiosa estocada de Manzanares a su segundo lo demostró, y marcó la diferencia entre una oreja y las dos. Manzanares con la espada suele ser inapelable, lo que constituye uno de los secretos de sus triunfos y sus éxitos.
El Juli dio ayer una lección magistral. Una más, una de tantas. El Juli nunca decepciona. Seguramente hay toreros que torean más bonito, pero nadie con tanto poder y tanta autenticidad como El Juli. Su primero fue un buen toro, y fue exprimido cabalmente con series largas y mandonas, de muleta arrastrada y trazo amplio. Dos orejas indiscutidas. Pero lo de su segundo toro fue aun más importante.
Ese segundo toro del Juli, quinto de la tarde, tuvo mucho que torear. Un toro que se lo pensaba cuando metía la cara, y que se quedaba cortito y embestía violento. Un toro muy exigente que muy pocos serían capaces de cuajar. El Juli lo cuajó con su monumental valor y su perfecta técnica. Cuando el toro dudaba, el Juli aguantaba. Cuando el toro se lo pensaba, el Juli daba el toque preciso. Y así el toro siempre fue adelante, aunque no quería. La faena fue a más y el toreo con la zurda fue extraordinario.
Tras una estocada de mucha exposición porque el toro echó la cara arriba, el Presidente negó la segunda oreja. Absurda decisión pues la faena del Juli a su segundo fue mucho mejor que la que hizo a su primer toro, al que cortó las dos orejas. El Juli estuvo como es él: macizo, completo, absoluto. Es posible que se hable más de otros, pero quien manda en el toreo es Julián López, y desde hace años.
Con Morante de la Puebla hubo de todo. Le salió en primer lugar un toro de calidad y buen estilo al que no entendió. Faena muy espesa, sin cadencia ni ligazón. Y con el cuarto toro es la vez que peor he visto a Morante. Nunca lo había visto tan desbordado, tan mal. El toro era un manso muy abanto y tenía poder. Se le cambió el tercio con dos picotacitos, cuando habría que haberlo pegado en el caballo para poder torearlo después. Morante no lo hizo y luego lo lamentó.
En un quite por chicuelinas, muy movidas, se dio cuenta Morante de que el toro probaba mucho y se quedaba muy corto. La faena fue un auténtico descalzaperros, con un torero a la deriva totalmente desconfiado. Nunca había visto a Morante así. Siempre, aun siendo un artista genial, había tenido el oficio que le permite no verse aperreado por los toros. Ayer estuvo aperreado por este toro.
La bronca que escuchó tras finiquitarlo de mala manera, fue de las que hacen época. Hacía años que no veía una bronca tan seria en una plaza de toros. Pero con estos toreros artistas nunca se sabe. Las cañas se tornaron lanzas. En un quite al sexto de Manzanares brilló una media verónica de auténtico cartel y, después, pidió el sobrero…
El sobrero era un torito de Juan Pedro Domecq tan noble como justo de fuerzas. Lo toreó Morante de modo extraordinario con el capote, tanto en el recibo como en un gran quite. Brilló en todo su esplendor el toreo a la verónica.
El tercio de banderillas lo compartieron los tres diestros, aunque con más voluntad que acierto. Solo mereció la pena el par de Morante, cuya faena fue un compendio de inspiración. En otras manos más bruscas un toro tan noble y de tan poca raza se hubiera venido abajo. Pero Morante fue capaz de construir una preciosa faena que combinó admirablemente, tanto la profundidad del toreo al natural, como los adornos y el inspirado repertorio de Morante. Dio un afarolado con la derecha que pareció sacado de una página de “La Lidia”, como una foto de Rafael el Gallo. Bonitos molinetes y molinetes invertidos.
Después de una estocada corta, le fueron concedidas las dos orejas y aquello fue el acabose: toda la plaza se echó al ruedo para sacar en hombros a los toreros. No se trataba de la clásica apoteosis prefabricada en que unos costaleros, profesionales y pagados, sacan en hombros a los toreros ante la indiferencia del público. Era de verdad. La plaza entera se echó al ruedo a sacar en hombros a los triunfadores de la tarde…
Y mientras veía este espectáculo, yo pensaba: ¡Qué pena que la corrida no hubiera sido televisada! Hubiera sido un enorme favor para la Fiesta de los toros y para el toreo en Cataluña. Estas cosas deben ser vistas por Televisión. Pero no en la pequeña pantalla de un canal de pago, no. Me refiero a la pequeña pantalla de las grandes televisiones públicas al servicio de todos los ciudadanos. No se puede privar a los españoles de apoteosis como la de ayer en el grandioso espectáculo de una corrida de toros.
Pese a quien pese, duela a quien duela, la fiesta seguirá a pesar de los deseos de todos esos mezquinos enanos mentales que quieren acabar con ella. No podrán. Estoy seguro.
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¿Cómo puede morir este arte?
Andrés Amorós
Inolvidable resulta la penúltima corrida de la Monumental. Por las calles de Barcelona se llevan a hombros a Morante, El Juli y Manzanares. El público sale borracho de arte: ¿cómo se lo pueden perder, desde pasado mañana? Magritte hubiera dicho: «Esto no es una corrida de toros». En principio, no es una corrida sino un funeral de «cuerpo presente» (como el de Ignacio que cantó Lorca), un réquiem por la Fiesta. Asistimos con un nudo en la garganta: gritos de «¡libertad!», banderas, pancartas con artículos de la Constitución… Luego, además, resulta una corrida verdaderamente extraordinaria.
El Juli ha tenido una tarde redonda, completa. En el segundo, el más noble, aplica su receta infalible: técnica, reposo, mando, lucidez. Mete al toro en el engaño, consigue muletazos que ponen al público de pie, se adorna para mostrar su absoluto dominio. Mata con decisión: dos orejas.
El quinto es más incierto. Por eso, el trasteo, menos brillante, tiene más mérito: después de dominarlo por bajo, aguanta parones, alarga las embestidas, arranca series de naturales que parecían imposibles. Faena de gran lidiador, que, además, piensa delante del toro y tiene casta. Otro estoconazo: oreja y le piden la segunda, que no sé por qué no se concede. En el tercero, Trujillo, muy valiente, saluda en banderillas. En la muleta, va largo, se mueve . Los derechazos de Manzanares, acompañando con el cuerpo, levantan clamores. Por la izquierda, le pone los pitones en la cara. Lo encela, aguanta y, al tercer muletazo de cada serie, acompaña la embestida con gran cadencia. Se empeña en recibir y lo consigue: dos orejas (la segunda, algo benévola).
En el último, saluda esta vez Curro Javier en banderillas. José María lo brinda al público, corre la mano con enorme facilidad. Compone la figura majestuosamente, sin amaneramientos; engarza tres muletazos en uno solo, llevándolo cosido a la tela. Se atraca al matar recibiendo: otras dos orejas.
Morante tiene menos fortuna en el sorteo. Sin probaturas, recibe al primero con hermosas verónicas. Es un toro encastado, con genio. Se dobla bien José Antonio, aguanta en derechazos y naturales pero, como no logra someterlo, corta: trasteo clásico, con sabor. No se entrega al matar.
El cuarto es pegajoso, huido, se queda corto, no se entrega en el capote. Morante se lo enrosca en chicuelinas arrebatadas. Faena de castigo, a la antigua usanza, pero el público actual no sabe ver eso. Se aflige al matar, se eterniza con el descabello y lo abroncan. En el sexto, dibuja el quite del perdón: una media, prodigiosa, parece quedarse colgada, en el aire… Pide el sobrero, de Juan Pedro, bravito, justo de fuerza. Las verónicas de recibo son literalmente extraordinarias; buenas, también, las del quite. En el escalafón actual, nadie maneja así el capote. El público toca palmas por bulerías. Banderillean los tres matadores. Luego, José Antonio parece dormirse, al muletear: no cabe más naturalidad, más suavidad, más temple. Concluye con naturales de frente, afarolados, adornos… La gente, enloquecida, no se ha sentado. Mata con eficacia y acompaña a sus compañeros en la triunfal salida a hombros. Antes del final, hemos saboreado el arte auténtico. A punto de marchitarse una rosa, «deja el agua olorosa, / rosada, que más vale» (don Sem Tob). Todos estamos borrachos de belleza, de emoción.
El arte —decía Valle-Inclán— no se acaba nunca porque nos ayuda a pasar el invierno. Por culpa de los políticos que ellos, mayoritariamente, han votado, los catalanes se quedan a la intemperie. Les queda — a ellos y a todos los que hemos tenido la fortuna de vivir esta tarde— el recuerdo.
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Psicodrama en La Monumental
Ignacio Camacho
El último mito sociológico de la lidia, José Tomás, con su leyenda tremendista e introvertida a cuestas, oficiará esta tarde en Barcelona el funeral de la fiesta en toros en Cataluña. En un ambiente de alta tensión emotiva y con un trasfondo de crispado debate político, la Monumental acoge la que probablemente será su última corrida salvo una improbable prórroga de última hora sujeta a la negociación de los presupuestos de la autonomía.
Sentimentalismo e historicidad
La cuenta atrás que comenzó en julio de 2010, con la aprobación parlamentaria de la prohibición de festejos taurinos en territorio catalán, termina hoy en medio de una expectante mezcla de sentimentalismo e historicidad. Con el lleno garantizado, entradas en la reventa a precios estratosféricos y el morbo que proporciona la atmósfera terminal de la cita, el coso de la esquina de la Gran Vía y el Carrer de la Marina se va a convertir en el escenario de una ceremonia de enorme trascendencia cultural y social. La de la primera abolición parcial del espectáculo más característico de la simbología española.
Es precisamente este rasgo idiosincrático el que está en el origen de la formidable controversia que la prohibición ha despertado dentro y fuera de España. La vieja polémica nacional en torno a la fiesta de toros, tan antigua como la fiesta misma, se cobra hoy en Cataluña la primera victoria del bando abolicionista. Un triunfo que no habría podido producirse sin la entrada en escena del factor político que ha acabado decantando el debate.
La aprobación del veto a las corridas salió adelante gracias a la pujanza transversal de una corriente de nacionalismo identitario que, más allá de los argumentos ecologistas, estéticos, intelectuales o animalistas, ha hecho prevalecer un criterio ideológico: el que considera la lidia como un símbolo de integración cultural española rechazado por el soberanismo catalanista. El toro —y el torero— como sinécdoque de la españolidad, cuya expulsión representa un triunfo del imaginario de afirmación excluyente propio de la mentalidad nacionalista.
Esa tensión de fondo entre dos modelos de convivencia late en torno a la corrida de esta tarde y le otorga la dimensión emblemática de un cierto conflicto civil, vinculado a otras tensiones sociales como las de la lengua, el desarrollo de las instituciones autonómicas o incluso el propio anclaje de Cataluña en la estructura política del Estado español. Más al fondo aún del debate identitario, intrínsecamente mezclado para la ocasión con la tradición antitaurina, se atisba también la inquietante presencia de un cierto modelo de ingeniería social que desde un sedicente progresismo posmoderno ha resucitado el método prohibicionista con la consiguiente rebelión de amplios sectores sociales —no necesariamente protaurinos— disconformes con esta expresión de dominancia.
Afición condenada al «exilio»
Todo eso, más la indudable repercusión que la medida suscita en la opinión pública internacional, ha rodeado la última corrida de Barcelona de un clima emocional eléctrico. La presencia de José Tomás, figura atormentada de gran intensidad carismática, y del torero catalán Serafín Marín —acompañados en la terna por Juan Mora— refuerza una escenografía sentimental de enorme potencia simbólica que ha superado la languideciente afición taurófila de Cataluña, ahora condenada a la experiencia melancólica del exilio a Francia, a Zaragoza o a otras comunidades cercanas.
Porque la prohibición ha prosperado también en parte debido al declive del vigor social de la fiesta en la comunidad catalana, que ha provocado un lento goteo de cierres de plazas y la progresiva decadencia de la propia Monumental, cada vez menos concurrida y más desafectada de aficionados. Sólo Tomás la había llenado repetidamente en los últimos años gracias a su poder de convocatoria como fenómeno de masas. En el ambiente taurino despierta suspicacias la relativa pasividad de los empresarios del coso, que serán indemnizados con una cifra probablemente superior a sus razonables expectativas comerciales de los próximos años.
Sin embargo, la morbosa expectativa de postrimerías ha generado un clamoroso interés en torno a la corrida de hoy, cuyo carácter de acontecimiento singular no escapa a nadie. Los propios diestros parecen conscientes de esa dimensión alegórica, y más que ninguno un José Tomás especialmente proclive a la sensibilidad ambiental y que en los últimos tiempos ha hecho de Barcelona un punto de especial entrega emotiva.
Si en la primera corrida que se celebró en la Monumental después de votarse la prohibición, en agosto del pasado año, el público barcelonés forzó el indulto de un toro como metáfora de la grandeza de la fiesta, esta tarde la afición va a escenificar una tragedia autocompasiva. La cita de hoy viene, pues, cargada de connotaciones especiales que van desde la protesta política al aire lúgubre de una despedida. Un clima sombrío de liturgia funeraria, una terapia de exorcismo coral, un psicodrama colectivo con ribetes mitad reivindicativos, mitad expiatorios. Y el marchamo de una fecha histórica: la de la primera derrota legal en tres siglos de la más clásica seña de identidad cultural española.

terça-feira, 20 de setembro de 2011

FESTA RIBATEJANA NA EREIRA

A Convite do meu Amigo Vitor Teixeira (Teixeirinha) rumei no sábado, 10 de Setembro, até Ereira, Concelho do Cartaxo, afim de participar com uma ou duas poesias na noite de Fados que decorreu com a presença dos Marialvas e ainda Carlos Santos "Macho". Tive o prazer de conhecer a Filipa Maltieiro, jovem fadista do Cartaxo e de me reencontrar com o Manuel Severiano Mira e muitos outros amigos. Mas a noite foi atribulada já que, ao chegar ao carro, as duas rodas da frente estavam totalmente vazias. Depois de um nobre e longo contributo de um amigo da Ereira, o ar dado, através de um compressor, apenas deu para chegar á entrada do Cartaxo. Accionada a assistência em viagem vim a saber que os pneus tinham sido furados por malvadez.... Porquê? Pergunto eu...












TOIRADA EM SOBRAL DE MONTE AGRAÇO

Domingo, 11 de Setembro. Na memória o décimo aniversário do ataque ás Torres de Nova Iorque. Sem carro, e combinado com o Ricardo Lucas, gozando uns breves dias de férias em Portugal com a sua esposa Ana, e agradecendo o simpático gesto de empréstimo do veiculo por parte de sua Mãe, lá fui, fomos, até Sobral de Monte Agraço. da corrida ficam aí os videos.... Mas do jantar é impossivel descrevê-lo. Simplesmente magnifico, com um ambiente fantástico. Ao meu lado jantou o Manuel Petisca e o Ricardo Lucas.














NAZARÉ, AMADORES DA CHAMUSCA CONQUISTAM PRÉMIO E REENCONTRO COM RAFAEL MARCELINO E SUA ESPOSA

Embora transmitida pela TV, fiz questão de estar presente e ver, ao vivo, o tira-teimas do dia 20 de Agosto quando um inédito empate técnico, provocou a "repetição" do Concurso de Pegas na Praça de Toiros do Sitio da Nazaré.
Depois de no dia 20 termos, quase, a certeza de qual a melhor pega, a do Igor Rabita, eis que desta feita o Grupo de Forcados Amadores da Chamusca, através da pega do Nuno Luis (Nuninho), venceu com todo o mérito e justiça. Antes porém, jantei no Cantinho com o Amigo Rafael Marcelino e Esposa, que também foram aos toiros.









quarta-feira, 24 de agosto de 2011

GÉNIO DE MORANTE ABRE A PORTA GRANDE EM BILBAU


3ª de las Corridas Generales en Bilbao. Grandioso espectáculo: genio, valor, pasión, arte, desafío…

Tarde de angustia, desafíos, respuestas, inspiraciones, emociones sin un solo minuto de aburrimiento y triunfos memorables como el muy grande de Morante con el cuarto toro de la en su mayoría buena y encastadísima aunque desigual corrida de Núñez del Cuvillo al que cortó dos orejas. Desigual faena de Manzanares con el encastadísimo y difícil segundo y otra creciente faena de Manzanares al quinto del que cortó una cara oreja. David Mora perdió otra por pinchar en el tercero y se jugó el todo por el todo con el peligroso sexto. Un espectáculo grandioso e inolvidable.
Bilbao. Plaza de Vista Alegre. Martes 23 de agosto de 2011. Tercera de feria. Tarde nublada, fresca, con brisa y tres escasos cuartos de entrada. Seis toros de Núñez del Cuvillo, muy bien presentados en diversidad de tipos, bravos, encastadísimos y nobles en distintos grados de fuerza, escasa en algunos casos. Montado el bravo y blando primero. Un tío el colorao segundo que, pese a su nobleza, se quedó corto y calamocheó por los dos pitones por también escaso de energía. Más energía y consistencia tuvo el también noble tercero. Abanto, distraído e imparable el cuarto que, sin embargo, rompió a excelente. Renuente de salida y a mejor el también noble quinto. Y a peor con peligro el sexto. Morante de la Puebla (esmeralda y oro): Estocada casi entera, ovación. Estoconazo sin puntilla, dos orejas. Salió a hombros. José María Manzanares (prusia y oro): Pinchazo recibiendo y estocada al encuentro, ovación. Buena estocada a toro arrancado, aviso y oreja. David Mora (rosa y oro): Pinchazo, otro hondo tardando mucho en doblar y tres descabellos, aviso y gran ovación. Estocada corta a toro arrancado, enorme ovación. Estupendos todos los miembros de la cuadrilla de Manzanares.
Sea por lo que fuere, la crisis también ha hecho mella en Bilbao, al menos por lo que la asistencia de público a las corridas se refiere. Ayer con uno de los carteles más apetecibles que se puedan imaginar, toros de Cuvillo para Morante y Manzanares con el atractivo añadido de David Mora tras su memorable actuación de San Sebastián, solo se cubrieron tres escasos cuartos de plaza. Esta misma corrida hace dos o tres años, hubiera acabado el papel. Mientras tanto, prosigue la increíble división de opiniones de la crítica hasta grados inimaginables. Si la profesión, que es la que más sabe, hiciera caso a los que ayer pusieron por las nubes a Diego Urdiales, éste tendría que figurar en todas las principales ferias del mundo, mientras que los tantas veces ninguneados por los mismos, Ponce, El Juli, Morante, Manzanares, etc, solo dispondrían de las migajas… Y es que, o aquí falla totalmente la competencia en la materia de la mayor parte de los más obligados a tenerla, o se han vuelto locos, interesadamente o no, que esa es otra peliaguda cuestión.
Pero vayamos al turrón. Primero el de Alicante que es el más caro. Pero no el segundo toro que de salida se defendió en corto por los dos pitones y se picó de corrido, por cierto muy bien José Antonio Barroso. Nada Manzanares con el capote. Pero todo y de qué manera David Mora en un quite por chicuelinas. Y otra cumbre banderillera de Curro Javier y Luís Blázquez. A tales exhibiciones, respondió Manzanares con su toreo monumental sobre su portentosa a la vez que aterciopelada mano derecha que, esta vez, tuvo que ser, a la par que templada, sometedora para que el calamocheo del toro no entorpeciera el trazo de los muletazos. Algo que, con la izquierda, no consiguió el alicantino por amontonarse en la cercanía, como tampoco en su regreso a la diestra mano por lo mismo, aunque pena que la claridad del animal quedara diezmada por su falta de fuerza y por lo mucho que de defendió al final de sus no siempre largos viajes. Buscando el efecto compensatorio en pos de triunfar, pinchó al intentar recibir y terminó haciéndolo al encuentro en un segundo envite. Empeñoso este nuevo y, a veces, abusivo interprete de tan difícil suerte.
Bien con el capote Manzanares en el quinto que anuncia más fuerza y resistencia. Cuida mucho al toro que desdeña el segundo puyazo. Mejor. Y otra vez David Mora por limpias y electrizantes gaoneras. Este no perdona una. Como debe ser. Sensacional Trujillo en palos. Impresionante silencio en la plaza. Manzanares en los medios con la derecha. Desarme inoportuno. Sitio, distancia, uno, dos, tres redondos. Queremos más ¿No va a izquierdas? Pausa larga. No es fácil el toro pero lo que lleva dentro es bueno. Hay que tirar de él y perderle pasos. Ello impide la completa ligazón. Pero no la tersura de varios naturales que destapan la faena que va a más y a más con magníficos redondos y de pecho colosales. Pero el toro se para y hay que matar. Breves adornos y le avisan. Estocada perfecta a toro arrancado. Orejaza. Pasemos al desafiador.
Y, como dije el otro día, mucha atención y sumo cuidado con David Mora que, lógicamente y dada la carísima oportunidad de alternar por primera vez en un cartel ferial de lujo, salió a por todas. Pegaron poco al tercer toro. David Mora inició su faena con firmes ayudados, estupendos de pecho y unos redondos contundentes. De lejos para el natural. Los recetó inconmensurables cerrando con suavísima trinchera. Más en corto, tuvo que tragar mucho en los siguientes – el madrileño tiene valor natural – y, perdiendo los pasos requeridos entre pase y pase, más redondos y naturales en apuro por lo que fue apurándose este a la postre buen ejemplar. Por el momento, el fallo a espadas dejó el desafío en tablas con sus ilustres y, sin duda, asombrados colegas. Cuidado con él…
Aguante y finura en los lances de David al sexto que pelea con bravura en el caballo. Falla el temple en el quite. Y es que el toro se mete por debajo. Como lo anuncia y ocurre en la faena, a toda vela y con varios amagos de cogida que se cumple sin consecuencias de puro milagro. Pero Mora sigue sin pestañear. Emoción a raudales. Meritísimos los pocos pases limpios que pudo dar. Y la gente entregada. Tanto o más que el torero, que sigue jugándosela como si nada. Estocada corta muy hábil a toro arrancado. No tocó pelo, pero salió con sobrado crédito e indemne. Y vamos con el Morantazo que dejo para el final para propiciar el mejor sabor de boca de los lectores.
Sueltón y blando el primer toro. Perdió las manos tras el primer puyazo, pero acudió alegre, bravo y con fijeza al segundo, volvió a doblar tras el tercer par de banderillas y llegó a la muleta de Morante algo descompuesto y escarbador, por lo que el de la Puebla tardó un poquito en centrarse por redondos que recetó con notable aunque aislada y no por completo templada armonía. Hasta que, ya en los medios, como el toro se vino un tanto abajo, Morante no pudo completar ninguno de los muletazos que siguió dando, de uno en uno, tanto diestros como al natural, firmados con un ayudado por alto y un molinete de los suyos. Y con el toro casi a punto de derrumbarse, una estocada casi entera que medio conformó al gentío.
Muy abanto y coceando salió el imponente cuarto, suelto y también flojo. Protestado por ello y costoso de lidiar. De allá para acá se picó sin que se parara el animal en tres encuentros. Morante no halló modo de torearlo con el capote con la gente enfadada porque querían, ansiaban ver al gran artista. Los bilbaínos no lo habían conseguido nunca. Pudo ser con varios ayudados por bajo de sabor añejos buscando parar al toro y, una vez logrado, una tanda corriente con la derecha, otra mucho mejor, las palmas echando humo, música, molinete, más redondos sabrosones, nuevos intentos, frustrados, de sujetar al toro con la izquierda. Y, de pronto, rompen el toro y la obra con lo mejor: De nuevo con la derecha señorial. Cambio de mano fastuoso, molinete barroco y ese irse del toro como nadie. Eso que no es ná y que vale millones… También mucho mejor al natural. Incansable, enardecido Morante al proseguir ya muy a gusto y desinhibido, repajoleramente inspirado, variado, sembrado, improvisador en un muestrario de toda su tauromaquia. Si lo mata, oreja segura o las dos. Aviso ¿Y qué? Estoconazo saliendo rodado el toro sin puntilla. El delirio. Dos orejas. La plaza, loca. Y el toreo en pie con toda su verdadera esencia. ¡Viva Bilbao¡ ¡Viva la Fiesta Nacional! ¡Viva España! y ¡viva la madre que te parió, Morante! Le sacaron a hombros en medio de una indescriptible apoteosis.


LA OPINIÓN DE DOMINGO DELGADO DE LA CÁMARA

Por fin vieron a Morante en Bilbao
Ya sé por qué José Tomás no quiere torear los Núñez del Cuvillo: porque salen muy bravos y muy encastados. Un toro como el segundo de ayer puede dejarlo en evidencia y hundir todo el tinglado que tanto esfuerzo ha costado organizar. La ganadería de Núñez del Cuvillo se perfila como una de las más bravas y encastadas de la historia, y la corrida de ayer en Bilbao fue de chapeau. A los seis toros se los pudo torear, los seis embistieron muchísimo y derrocharon casta y bravura. Es difícil conseguir un conjunto de tan alta nota. De ese conjunto destaco al segundo de la tarde, número 180, “Forajido” de nombre, castaño y de 523 kilos. Uno de los toros más bravos que hemos visto lidiar en mucho tiempo.
Los toros de ayer fueron auténticos toros de lidia. Estos son los toros del futuro. Lamentablemente ganaderías como Miura, Pablo Romero, Conde de la Corte, Samuel Flores…, pertenecen ya al pasado. Son historia. El futuro es de Cuvillo, de El Pilar, de Fuente Ymbro…, ganaderías que aportan a la fiesta toros bravos y encastados. Y cuando lidian una corrida como la de Cuvillo de ayer en Bilbao, cierran todas las bocas.
Corrida de gran presentación, destacando los toros colorados del festejo que, por cierto, algunos habían sido desechados por los veterinarios de Madrid. ¡Que Santa Lucía les conserve la vista!. Ya he señalado la bravura y casta del segundo, pero también hay que hablar de la nobleza del tercero y del cuarto, y del enorme temperamento del sexto. Toda la corrida fue un dechado de emoción que hizo que nadie perdiera ripio en todo el transcurso del festejo. ¡Enhorabuena al Señor Núñez del Cuvillo!.
La afición oficialista de Bilbao siempre había negado a Morante. Pero ayer salieron locos de contentos. Por fin han visto a Morante en Bilbao, aunque la tarde de Morante de ayer no ha sido una de las mejores de su vida. Pero el tarro de las esencias se abrió lo suficiente para que todo el mundo quedase maravillado.
La faena de Morante al primero tuvo poca historia. El toro apretaba hacia los adentros y embestía algo rebrincado. Algún apunte de natural y poco más. Lo grande llegó en el cuarto, un toro manso en el caballo pero que, a pesar de su comportamiento abanto, metía muy bien la cara en los engaños. Empezó Morante con unos ayudados por bajo para sacar al toro a los medios, y el principio de la faena no fue de los mejores. Morante no veía claro al toro y hubo algún que otro enganchón. Pero la faena fue in crescendo hasta terminar de un modo glorioso. Faena de menos a más. Rara avis, porque normalmente las faenas son de más a menos. El final fue extraordinario. Cuando se echó la muleta a la izquierda dio una gran serie de naturales. Otra gran serie con la derecha, y los ayudados por alto al final fueron un auténtico cartel de toros que la plaza contempló puesta en pie. Estocada francamente buena y las dos orejas al bolsillo de Morante.
Cuando Morante está en vena, acaba con el lucero del alba. De la cuerda de los artistas, es el mejor artista que he visto. Mejor que Curro Romero y Rafael de Paula: tiene la misma inspiración que ellos y, además, el valor y la técnica suficientes para prodigar su misterio muchas más tardes que Curro o Paula. Morante es un compendio del toreo sevillano, y el final de la faena de ayer fue sensacional: esos naturales, esos derechazos y esos ayudados por alto quedarán en la retina de todos los buenos aficionados. Salió en hombros en olor de multitudes.
José Mari Manzanares tuvo la mala suerte de cruzarse con “Forajido”. Decía Belmonte que Dios te libre de un toro bravo. Cuando un toro repite tan incansable y con tanta raza como este “Forajido”, hay que ser muy valiente para aguantar el tirón. Este toro sacó a la superficie todas las carencias de Manzanares, que es un torero excelso con el toro pastueño, sobre todo con la mano derecha. Pero con el toro encastado su actuación suele dejar mucho que desear.
La primera parte de la faena basada en la mano derecha, fue muy rápida, muletazos en series muy cortas que parecían trallazos. Y cuando se echó la pañosa a la izquierda, echaba al toro excesivamente fuera, quitándole a veces la muleta de la cara. La zurda no es el fuerte de Manzanares. Es una de sus limitaciones. Intentó que la faena remontase con la mano derecha, pero ya no era posible. El toro, por su bravura, pedía metros ya que se arrancaba muy largo, pero José Mari Manzares se puso muy cerca del toro, muy fuera de cacho. Un intento de recibir fallido y una estocada recibiendo, dejaron la cosa en una tibia ovación.
También el quinto fue un toro de triunfo, sobre todo por el pitón izquierdo. La primera parte de la faena fue muy temblona, muy bailona. Manzanares solo se asentó cuando el toro se paró y dejó de repetir. Entonces sacó las dos series medianamente aceptables. Después de una estocada recibiendo muy trasera, cortó una oreja muy benévola. Una oreja a beneficio de inventario, producto del ambiente de apoteosis que Morante había dejado.
En resumen: Manzanares torea muy bien con la mano derecha al toro pastueño, pero con el encastado tiende a un toreo muy rápido y despegado. Con el capote prácticamente no se le ve, y con la izquierda baja muchos enteros. Hay que reconocer que al matar es tremendamente eficaz. Es un killer, pero no es un estoqueador depurado. No tiene ni la despaciosidad de Paco Camino ni la limpieza de Rafael Ortega. Es una tromba que cae encima del toro. Matar con arte y depuración es otra cosa…
Sustituyendo a Leandro, cerraba la terna David Mora. La de ayer va a ser una tarde que va a hacer daño al torero madrileño que, tras sus recientes triunfos, llegaba a Bilbao con muy buen ambiente. Digo que le va a hacer daño porque cuando todo el mundo pone los ojos en una corrida y toda la afición te está viendo, hay que dejar muy buen sabor para que te vuelvan a repetir en carteles de esta altura.
David Mora puso toda la carne en el asador. Demostró que es un torero valiente, y demostró que tiene clase. Pero es muy bisoño y tiene una técnica precaria, lo que hizo imposible el triunfo. Lo mejor de su actuación, dos quites en los toros de Manzanares, los dos muy ceñidos y muy expuestos, uno por chicuelinas y otro por gaoneras.
Pero, a pesar de su entusiasmo, en las faenas de muleta de sus toros, David Mora no fue capaz de redondear nada por su escaso bagaje técnico. Su primero fue un toro muy noble, muy dulce, de mucha calidad. Pero no se le debía atacar mucho porque no le sobraba la fuerza. Una cosa buena: le dio mucho sitio. Y una cosa mala: le bajó la mano antes de tiempo, lo que hizo que el toro se parase muy pronto y se defendiese.
El sexto fue una prueba muy dura para tan joven torero. Encastadísimo, muy fiero, de una fiereza indomable. Se necesitaba una técnica muy pulida para poder con ese toro. Y conforme se le fueron haciendo las cosas de manera inadecuada, el toro fue aprendiendo, y al final resultó muy difícil. Era para estar muy firme y con la muleta por delante. David Mora se colocó al hilo del pitón y con la muleta un tanto retrasada, dándole muchas bazas al toro. Lo que hizo que se le venciera en muchas ocasiones, que se quedara corto y que lo acabara cogiendo. A pesar de la cogida, siguió en la arena hasta matarlo.
Delante de este toro me hubiera gustado ver a casi todos los toreros del escalafón. Creo que solo dos hubieran salido airosos: Ponce y El Juli. Ninguno más.
Por último quiero decir que la cuadrilla de Manzanares estuvo tan soberbia como siempre. Y también que a muchos toros se los picó muy mal, al cuarto por ejemplo. Ya sabemos que ahora se está picando muy mal, pero lo de esta feria de Bilbao está pasando de castaño oscuro.
Me encantaba oír los comentarios de la gente a la salida de los toros. Todos los que se han pasado una década negando a Morante, iban diciendo al amiguete: “Ya te lo decía yo. Este Morante es un fenómeno”.

ABIUL 14 DE AGOSTO. ALTERNATIVA DE TIAGO MARTINS